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martes, 19 de mayo de 2026

¿Les presto por un rato mi discapacidad a la gente que no la tiene? Por: Patricia P


Me llamo Patricia Pimentel y soy una persona con discapacidad física. Escribo esta carta porque estoy cansada de ver cómo muchas personas sin discapacidad utilizan espacios y recursos que deberían estar destinados a quienes realmente los necesitamos.

Cada día vemos coches aparcados en plazas reservadas para personas con movilidad reducida, ocupados por gente que no tiene ningún problema físico. También ocurre en bares, centros comerciales o conciertos, donde los baños adaptados se usan como almacenes o donde las zonas reservadas para personas con discapacidad están mal ubicadas y apartadas del resto.

Además, muchas veces solo nos permiten acudir con un acompañante, impidiéndonos disfrutar de actividades con nuestro grupo de amigos como cualquier otra persona joven. Aún hoy existen muchísimos lugares que no están adaptados, y eso nos limita constantemente. Lo más triste es sentir que tenemos que luchar por derechos básicos mientras otras personas no respetan ni entienden las dificultades que vivimos cada día. Los espacios adaptados no son privilegios, son necesidades.

El otro día salí con mis hermanas a un centro comercial llamado Gran Plaza, en Majadahonda. Quise ir al baño reservado para personas con movilidad reducida y dentro había una persona sin discapacidad. Mi hermana María, con toda la educación y el respeto del mundo, le dijo amablemente que esos baños estaban reservados para personas con movilidad reducida.

La persona que estaba dentro del baño se enfadó muchísimo con mi hermana. Empezó a gritarle y a meterse con ella sin tener ninguna razón. Todo ocurrió en mitad del centro comercial. Finalmente, vino un miembro de seguridad del centro comercial y, al verlo, aquella señora se marchó, sabiendo perfectamente que no tenía razón.

La verdad es que, cuando pasan este tipo de cosas —que pienso que hoy en día no deberían ocurrir—, me voy a casa muy afectada anímicamente. Situaciones como esta ocurren constantemente y demuestran la falta de empatía y conciencia que todavía existe en la sociedad. Muchas personas no entienden que estos espacios no están hechos por comodidad, sino por necesidad.

Es verdad que la sociedad ha mejorado mucho en temas relacionados con la discapacidad, pero todavía queda muchísimo por mejorar. Por eso, al llegar a casa después de lo ocurrido y contado en estas líneas, me he animado a escribir este artículo para ver si, entre todos, conseguimos normalizar más estas situaciones y aprender a respetar las necesidades de las personas con discapacidad. Pido más respeto, más empatía y más conciencia hacia las personas con discapacidad, porque todos merecemos vivir con dignidad y tener las mismas oportunidades.

 

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